Algunos actuan, otros hablan y pocos piensan.
Yo me limito a observar.

Si muero mañana, no me extrañes, si en vida no lo hiciste, muerta ya no importa.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Cupcake

Ocho de la mañana. Los coches pasan por la calle haciendo el mismo ruido que millones de abejas en un enorme panal. El rocío sigue pegado a las hojas del jazmín del balcón. La terraza está húmeda. Estoy empezando a sentir frío. Destapo la tetera japonesa. El vapor se eleva para desaparecer instantáneamente. Una brisa matutina recorre toda la calle, se lleva por delante las primeras hojas que han caído. Este otoño va a llover. He sacado tostadas y napolitanas de chocolate, sé que te gustan más que las de crema, por eso compré magdalenas con merengue. Me encantan, ya te lo conté alguna vez, me hacen recordar. 
Sigues dormido, el madrugar no forma parte de tu persona. Sonrío, tonta. Me encanta eso de tí, aunque nunca te lo diga no sea que un día te encuentre convertido en marmota. Las cortinas blancas se agitan. En la calle hay una bolsa que navega en el viento. Da vueltas en el aire, desciende, planea sobre el asfalto, se queda con las hojas mustias... Están abriendo los de al lado del bar, creo que es una tienda de antigüedades, pero no estoy segura. 
Se me escapa una lágrima. Tengo frío. No sé porqué, siempre vuelvo a pensar en tí. Ahora me estoy acordando, aquel día en el parque. El estanque a la derecha y el paseo de árboles que se abrían paso rompiendo el suelo adoquinado. Primavera. Me cogiste la mano, y me pareciste la cosa más hermosa del mundo. Un suspiro. Sólo pude devolverte un suspiro. Me habías hecho tuya. La imagen desaparece velada por el sol, nosotros seguimos caminando. 
Bostezo. Yo me convertiría en lirón. Recojo el merengue rosado con la punta del índice. Aroma a menta, el té se mantiene caliente. Hoy no preparé café. Petra aparece ronroneando por detrás de las macetas. Su pelaje negro brilla mientras me acaricia los tobillos. Sus ojos verdes me observan. Qué lista es. El cielo está despejado, sólo se ve una nube, blanca, casi transparente. Han encendido los aspersores. Las gotas saltan. Agua. Echo de menos el sol ardiente, como el de aquel día en la playa.Verano. En la casita blanca frente al mar. La buganvilla enroscándose por la madera verde. La arena áspera, las olas chocando contra ella. Nuestros cuerpos secándose cómo lagartijas. Descansábamos, perezosos, como solo nosotros dos sabemos ser. Un beso sabor a sal. Una sonrisa. Te quería. Recuerdo que te levantaste, y caminaste hasta la orilla. Te quedaste así, tal cual, mirando al horizonte azul, al tiempo eterno. Sí, sí que te quería.
Ocho y cinco. Sigo sentada. Hoy es viernes. Aún no se qué haré. Tú tienes que trabajar por la tarde. Hemos tenido suerte. estás haciendo lo que quieres. Quiero escuchar música. Petra me sigue hasta el salón. Parece como si todo dentro del salón se moviese por una carga eléctrica. Estático. A cualquiera le sería fácil perderse entre la cantidad de cds y libros que rebosan las estanterías. Qué se le va a hacer, es lo que nos gusta. Sé lo que estoy buscando. Thomas Newman. Este disco me lo preparaste tú. "...and breathe me."   Bajo el volumen. No quiero despertarte, que después estás roñoso. Tenemos la mañana entera para los dos. Creo que voy a salir a hacer fotos, por donde el ferrocarril. Quizá hoy podamos ver alguna película cuando regreses, después de cenar. 
Quizá podamos terminar de planificar ese viaje a Italia. Siempre he querido ir. Tengo una foto del Lago di Como de salvapantallas, tú sabes porqué me gusta. Voy a necesitar un jersey, estoy helada.
Me lleno la boca con un trozo de magdalena. Siento su presencia detrás. Él camina, con esos andares únicos. Él; tú. La música ha llenado la casa, nos traslada a cualquier otra parte del planeta. Te veo. Te acercas más. La Bequita de Thackeray descansa cerca de mi taza con todas las páginas abiertas.
Ocho y diez. Frente a frente. El sol sigue tragándoselo todo con su luz. Sonríes. Me coges la mano, minúscula entre las tuyas. Dejas algo en ella, sé lo que es; pero ya no existe nada más que tú. Y el tiempo ese factor tan misterioso, irritante, necesario, único; deja de existir. Como aquel día en la playa. Como en los recuerdos.

lunes, 12 de septiembre de 2011

¿Ahora?, ahora me toca a mí ser feliz, ¿no?

Sí, sabes que siempre voy a perdonar.... soy así de boba, y aunque no olvide las cosas, me verás con una sonrisa, como si nada pasara, como si el tiempo no me dejara mecha, como si el que te la sude no me reviente. Sí, sabes siempre qué decir.... y porque soy boba... me quedo callada como si no tuviera nada más que añadir, como si con mi silencio asintiera reconociendo un error que nunca cometí. Me quedo callada, muda... porque se me van las palabras de la impotencia que siento, de lo cargada que ya estoy de todo, lo tuyo, lo mio y lo de ellos. Porque ya son muchas putaditas juntas, muchas mentiras a medias y sonrisas falsas, muchos malos rollos por gusto, y muchas palabras huecas, vacías como... ¿para qué engañarnos? como tú.
Pero, ahora, por si te interesa... creo que no volveré a agarrarme a la almohada fría esperando que vuelvas a buscarme, creo que no voy a pasar los días con cara de muerta, porque no tengo ganas ni de mirarme el reflejo, creo que no voy a derramar lágrimas mientras camino por el parque, por la calle, por todas partes como si la vida me fuera en ello... Gracias a tí, porque colmaste el vaso, no voy a dejarme llevar otra vez. Y es que creo que ahora me toca ser feliz. ¿ no crees ?

sábado, 20 de agosto de 2011

Just not that into you... ;)

**Cada película que vemos, cada historia que nos cuentan, nos piden que creamos en ellas: El giro al final de la historia, la declaración de amor inesperada, la excepción a la regla. Pero a veces estamos tan obsesionadas por encontrar nuestro final feliz, que nos olvidamos de leer las señales. Las que diferencian a los que nos quieren de los que no, a los que se quedaran de los que se irán. Y es posible que ese final feliz no incluya al hombre ideal. Puede que seas tú, recomponiéndote y volviendo a empezar, liberándote para algo mejor que puede haber en tu futuro. Puede que el final feliz sea simplemente pasar página.**

domingo, 7 de agosto de 2011

Citando....

Ella le dijo; "Hoy has sido mi héroe"
Él la miró con su carita blanca, tranquila y con sensillez le respondió;
"Ya, como tú cada día mamá"

Nocturna

Las baldosas frías nos arropan. El polvo flota en el ambiente vetusto. Un vacío de silencio y murmullos ahogados desciende a nuestros pies, en una eterna escalera que aparece como la garganta de una víbora de piedra. Y, nosotros, parecemos dos animalillos escondidos de las miradas, las palabras, las falsas sonrisas. Nos buscamos a tientas, oliéndonos, rozándonos, bebiéndonos insaciablemente.
Entrelazo mis suspiros con tu aliento entrecortado. Me agarro a tu cuerpo como una niña asustada, con miedo a perderte, a que me olvides... sigues agitándote incontenible dentro de mí.
Y tras todas esas ansias nos quedamos así, un minúsculo ovillo en medio de un rellano congelado. Consigues que me relaje rozando mi nuca, recorriendo mis dedos con los tuyos, obviando que mi posición esquiva no sea más que una pose para agradecer tu compañía en mitad de la noche.

martes, 2 de agosto de 2011

Repugnancia

Si no fuera por lo mucho que significa para mí, ahora no estaría insomne, pensando en que mañaba me despertará un nuevo día y que todo lo que ha pasado se quedará marcando tan sólo un momento de mi existencia y el que me sienta mal, no significará nada más en unos días.
Si no fuera porque tengo la absoluta certeza de que la única forma de avanzar es cometiendo errores, aprendiendo de ellos, no creo que ahora pudiera tener la suficiente valentía de levantar la cabeza siquiera y mirarme al espejo, porque me daría asco de mí misma.







Epitafio

Me gusta aplastar. Dejarte sin aire, palpitante, expectante de mi siguiente movimiento. Rápida, silenciosa y con la boca rasgada por una sonrisa cínica, no llego a planear mi aventura. Me encanta, me deleito con tus estremiciemientos, y veo como los hilos caen tensos de mis dedos, sujetando las extremidades de tu ser. Ácida, el carácter me abstengo de controlarlo pues únicamente convertiría en misa a mi renaciente experimento. Soy polifacética, pero, por lo general, prefiero enmascararme con ironía, y, sí, sé actuar, engañando hasta al más doctorado. Convenzo. Me puedo convertir en reptil, en una serpiente, una víbora, arrastrarme por tus vertebras y enroscarme en tus caderas sin petición previa. Soy capaz de metamorfosearme en una diosa invisible, pero palpable, pues dejaré  que llegues a mí, que me roces. Te advierto que intentarás engullirme, hacerme víctima, querrás que pida clemencia como una esclava vestida de sedas, atada por cadenas oxidadas. Pero yo no me rindo, soy altiva, sagaz, y aunque, magullada, me quedarán fuerzas y te rasgaré la espalda, la garganta a arañazos. Haré que te sumerjas en vapor, que te ahogues incapaz ya de hablar. Conseguiré que enloquezcas, sintiendo cómo revientas por dentro y te sujetarás la cabeza pues te darás cuenta cuando pierdas la cordura. Me voy a encargar personalmente de hacerte sufrir, y me aseguraré de que sientas que el hielo arde y te abrasa la piel resbalando rígido por ella mientras esta se te cae a tiras. Será tu renacer, y te dejará un sabor dulce. Finalmente, te puedo asegurar algo más, y es que llorarás el que no me quede más tiempo.