Camino sola, entre una multitud de rostros sin historia. Camino rodeada por un frío que me come el alma y me quema por dentro. Camino, ya sin saber bien a dónde ir. Camino con el único deseo de verte. Camino con los pies en el gélido asfalto y la cabeza perdida en el infinito del cielo gris. Camino triste porque tu mirada ya no está aquí. Camino, sólo camino, sin saber ya bien quién soy ni quién quiero ser. Camino perdida en un mundo de nada, de promesas sin cumplir, de deseos rotos y de sueños de los que nadie consigue despertar. Camino, mientras tu recuerdo insiste en volver. Mientras tus palabras resuenan en mi cabeza, recordándome que un día fueron dichas de verdad.
Camino, queriendo saber el por qué de esta vida y sin ver una razón clara que me obligue a seguir caminando. Camino sola en el olvido, queriéndote más y más a cada minuto, cada segundo que pasa. Camino sabiendo que nunca volverás y que cada día será como si nunca hubieses estado aquí. Camino odiándonos, sufriendo los momentos que discutimos que malgastamos con palabras nimias, insonoras ahora, y también adorando otros momentos, aquellos en los que el futuro no venía de nuestras manos.
Camino queriendo que nuestros labios se entrelacen una última vez y que nunca más se despeguen. Camino paso a paso, sola, sin tí, viéndote allí donde una vez estuviste. Camino, simplemente, recordándote.
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